David Caycho: Jefe del Proyecto Capital Golf

Cuando David Caycho era niño quería tener otra profesión menos ser ingeniero, pero su destino estaba escrito: sería ingeniero como su padre. Sería ingeniero pese a la negativa de su padre, quien afirmaba que la vida dedicada a la ingeniería era muy dura. “Quería que yo estudie cualquier otra cosa”, comenta David, “pero sin querer me inculcó el amor por la ingeniería desde siempre”. David menciona que en los álbumes de fotos familiares aparece él, con 5, 6, 7 años de edad, visitando obras de construcción: montado en una excavadora, trepado a un rodillo compactador. “Yo acompañaba a mi papá a sus trabajos. Eran épocas en las que no había tanto control de seguridad, y los ingenieros podían llevar a sus hijos a las obras. Así me fui enganchando con la profesión”.

Pese a que su padre no quería que él sea ingeniero, hubo un punto de quiebre que lo llevó a cambiar de opinión. “Una vez mi madre me descubrió dibujando unos planos y le comentó a mi papá que yo tenía cualidades para ser ingeniero o arquitecto. En ese momento él dijo, “Mi hijo va a ser ingeniero”. David le tomó la palabra. Al acabar el colegio, postuló a la Universidad Católica y en esa casa de estudios se graduó como Ingeniero Civil. Empezó a ejercer la profesión casi al instante de terminar la carrera. Pasó por una empresa pequeña dedicada a la construcción de edificios de entre 5 y 10 pisos, siendo jefe de producción. Luego llegó a trabajar en una importante constructora, donde le tocó involucrarse en proyectos en provincia, conociendo Piura, Arequipa, Cerro de Pasco, entre otras ciudades.

De sus tiempos en esa importante empresa David destaca su participación en un proyecto en la ciudad de Morococha, en el departamento de Junín. “Fue una muy buena experiencia”, cuenta David, “diría que trascendente. La ciudad está ubicada a 4500 msnm. Ahí me tocó implementar todo el sistema SAP del proyecto. Nuestra labor era prácticamente construir una nueva ciudad. Hicimos todo lo que tiene una ciudad: 250 viviendas, colegios, iglesias, municipalidad, panadería, cementerio, comisarías, estadio, jardines, áreas comunes. Todo”.

Fue muy valioso para David involucrarse en ese proyecto porque pudo sentirse partícipe del cambio de vida total de los habitantes de la zona. “Los niños en Morococha nunca habían visto un inodoro”, relata. Y aunque cuenta que disfrutó de los hermosos paisajes de la sierra (“ver la nieve, sentir el sol serrano desde temprano”), confiesa que el ritmo del trabajo era muy intenso. “No nos dieron las comodidades necesarias. Empezaba a las 6 de la mañana, con temperatura de menos 12 grados, y teníamos una frecuencia de 21 días de trabajo seguidos y 7 de descanso”.

Quizás fue eso lo que le llevó a David terminar su relación laboral con la empresa en la que trabajaba ni bien concluyó sus labores en Morococha. Por cosas del destino, al poco tiempo se enteró de la posibilidad de llegar a Proyecta. “Un amigo me contó que estaban buscando gente y me dio el número de un contacto. Me contacté, me entrevistaron y aquí me tienes, más de tres años después”. Luego de estar involucrado en distintos proyectos, casi siempre en el área de Producción y Calidad, le dieron la posibilidad de liderar el proyecto Capital Golf. “En Proyecta he tenido oportunidades que en otro lugar se me hubiese hecho mucho más difícil alcanzar. Liderar un proyecto de esta envergadura es una prueba de ello”, nos dice David.

A David le ha tocado compartir trabajo con mucha gente. Gente muy talentosa y eficiente de la que ha aprendido mucho. Pero sigue mencionando a su padre como la máxima referencia en el rubro. “Yo admiro mucho a mi papá. No he trabajado con él y tengo claro que forma parte de otra escuela, digamos, de la ingeniería antigua, pero igual, puedo decir que es uno de los profesionales más capaces que he visto. Es hoy en día mi mayor consejero”. Felizmente el único consejo que desobedeció David fue cuando su padre le pidió que no sea ingeniero. “Yo lo llevaba en el ADN, no podía ser otra cosa que no sea ingeniero”, nos dice sonriendo.